Recorrió su geografía.
Caminó a dos pasos la aureola y bajó deslizándose lentamente. La estaba dibujando a trazo matemático.
Luego arrastró sus piernas y volvió a subir. Llegó a su cumbre, allí, el piso era perfecto y blando. Entonces decidió acostarse y llenar sus manos con esa perfección. Rodeó la aureola y se durmió, pero entre sueños escuchaba que alguien le cantaba al oído una canción de cuna.
En ese momento, durmiendo en los brazos de ella, volvió a sentirse un niño.
martes, 18 de septiembre de 2007
martes, 4 de septiembre de 2007
El sabor de todos los días
Creció la mancha y se extendió a lo largo y ancho de la tela celeste cielo.
En el aire se suspendió el aroma.
Rápidas y desesperadas las manos trataron de contenerla. Un segundo más tarde, los dedos manchados.
En el aire se suspendió el aroma.
Sofocante calor e inusual, el vulgo friccionaba los cuerpos, mientras el atardecer caía desmedido en el epílogo de invierno, donde los chocolates que llevo todos los días, no soportan el encierro en mis bolsillos, y a cada minuto, sin darme cuenta, una mancha se extiende suntuosa y atrevida en mi camisa celeste cielo. Yo, muy sonrojado, atrevido también, me animo a ofrecértelo, mientras tú sonríes hermosa como siempre, aceptando el chocolate derretido.
martes, 7 de agosto de 2007
Traición
Los centauros desembarcaron al norte del mar Effeo y se internaron en las montañas para presenciar la ceremonia. La novia, hija de Jhorbus, rey de los lóbregos bosques nórdicos, apareció minutos más tarde de la llegada del príncipe centauro, y se acercó bella hacia el altar. El sacerdote, luego de los conjuros, preguntó a la novia:
- ¿Aceptas tú, Kánomi, hija del rey Jhorbus, a Sólrak, centauro príncipe, como tu legítimo y amado esposo?
- No, dijo la princesa.
Y todos los centauros fueron exterminados cuando trataron de escapar del bosque.


